Tuesday, April 17, 2007

tristezas

Hay muchos ejemplos de la pobreza de la lengua para retratar los sentimientos; para recoger, codificar y apresar en fonemas o vocablos los datos de la vida sentimental. El caso mas claro es de la tristeza. La tristeza es variopinta, y la palabra “tristeza” no refleja sus colores ni sirve para descomponer los pigmentos constitutivos de ese sentimiento. La tristeza tiene tambien muchas sonoridades, y el sonido “tristeza” no ofrece al oido texturas musicales ni tonalidades variadas. Hoy, por ejemplo, yo estoy triste. Si no digo mas, es probable que nadie me entienda. Porque mi tristeza, como todas las demas, es de una naturaleza peculiar. No es negra y disonante. No es una tristeza que desgarra y lastima. Es mas bien una tristeza de color pardo y resonancias gimnopedicas. Una tristeza que estultifica e idiotiza. Una tristeza arbitraria y volatil. Una tristeza que no es bienvenida (ciertas tristezas pueden serlo) pero si mal nacida: una tristeza ilegitima y sin arraigo. Una tristeza insidiosa y odiosa, que se filtra con sigilo y sin advertencia. Una tristeza como la brisa: impredecible, inasible y, en dias como estos, irascible. Una tristeza arrogante, que se instala sin rendir cuentas, sin rendirse y sin que yo pueda siquiera darme cuenta. Eso es lo bueno de la tristeza: son tantas sus variedades que uno jamas se cansa de ella.

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