Wednesday, August 1, 2007

una epopeya cumbiera: una nota de y sobre el acordeon del diablo


Escribo con una dolencia honda, muy honda. En los aciagos dias que corren, la salsa y el tango (sobre todo el boludo tango) reinan en los salones y escuelas de baile de la capital alemana. En cambio la cumbia es un ritmo marginado y marginal. Es el hijo impopular e incomprendido de la musica latinoamericana y, asi es el mundo, nadie le presta atencion al patito feo. O casi nadie.
“El acordeon del diablo” es un documental de factura teutona, cuyo heroicismo estriba en su afan por valorar lo que el resto de la nacion germana tiene en poca estima o de plano desprecia. “El acordeon...” narra algunos de los episodios estelares de la historia cumbiera, y en particular de la vida de unos de los personajes centrales del folclor musical colombiano: pacho rado, el hijo dilecto y predilecto de “el dificil” (colombia), trovador cumbiero y uno de los fundadores del vallenato.
No voy a reseñar el documental, pues el rodaje escapa a los afanes recapitulatorios. “El acordeon del diablo” hay que verlo, y que cada quien saque sus conclusiones reposadas y prudentes sobre la cumbia y su desafortunada e injustificada suerte en comparacion con el tango y la salsa, en Alemania y en el resto del mundo. Solo quiero colgar en este perchero el retrato de pacho (lo cual ha quedado hecho ya) y anotar una breve apostilla sobre el despostillado acordeon de don rado.
Como las naciones y las organizaciones, los movimientos musicales han formado con el paso de los anos un mito fundador. La cumbia no es la excepcion. Dice un episodio de la epopeya cumbiera que un buen dia pacho rado se enfrasco en un duelo con un forastero de origen desconocido. Se lo habia topado en la selva, y ahi mismo habia comenzado la contienda; no una vulgar pelea con navajas o pistolas, sino un combate acordeonico de magnitudes epicas. Rado se presumia hombre invencible cada vez que enfundaba su acordeon. Por eso adivino una presencia supra, sobre, meta y contra humana cuando se soprendio practicamente postrado ante la musica luciferina de su adversario. Quien tocaba el acordeon para y contra nuestro heroe no era otro que el propio diablo, quien seguramente (digo yo, no la mitologia cumbiera) estaria tocando una milonga. Pero rado no se arredro, sino que arremetio con rabia herculea e ingenio cumbiero hasta dar con la clave melodica de la victoria: tocar sus cumbias al reves, que ya sabemos que con el diablo hay que jugar en su terreno, el terreno del simbolismo sacro invertido (el de las cruces y los santos puestos de cabeza). Rado triunfo, y con eso salvo su alma y la dignidad de la cumbia. Asi sucedera algun dia en Berlin, que espera por su deutcher rado. La salsa y el tango, rosas infernales, feneceran en las calles de Hackescher Markt y floreceran en su lugar las amapolas de la cumbia, flores que nunca se marchitan.

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