Saturday, April 21, 2007

una ocurrencia sobre el aborto

Una de las dicotomias mas trilladas de la filosofia politica occidental es la que contrapone la libertad a la igualdad. Se supone que son dos valores antiteticos e irreconcibles y, pace Rawls, armomizarlos es segun algunos una empresa ilusa o incluso ilusoria. Hay un apice de verdad en esa creencia. Pocos dudan, por ejemplo, que la libertad politica conduce a la postre, de manera irremediable, a la desigualdad economica (y Marx lo sabia bien).

Desde otro punto de vista, sin embargo, la disyuntiva entre la libertad o igualdad es falsa. Hay multiples instancias en las que la libertad y la igualdad son dos caras de la misma moneda. El derecho al aborto, por ejemplo, es un tema en el que los imperativos de la libertad y la igualdad parecen confluir y reforzarse mutuamente.

Que razones podermos ofrecer para justificar ese derecho? Una posibilidad, arraigada en la idea de libertad, consiste en postular eso que hemos dado en llamar “el derecho a la privacidad”, y luego en afirmar que el derecho al aborto es uno de sus corolarios. En este razonamiento esta asentado, por ejemplo, Roe v. Wade, que legaliza el derecho al aborto dentro de los primeros tres meses del embarazo en EU.

Otra posible justificacion del derecho al aborto parte del concepto de igualdad. La idea basica es que prohibir a una mujer la posibilidad de abortar equivale a arrebatarle el control de sus funciones reproductivas para colocarlo en las manos de otros, hombres en su mayoria; equivale, en una palabra, a colonizar el cuerpo femenino. Desde esta perspectiva, el derecho al aborto se vuelve un imperativo en nombre de la igualdad entre hombres y mujeres. Negarle la posibilidad de abortar a una mujer que no desea ejercer la maternidad es contribuir a encadenarla a la esfera domestica. El problema no solo es que esto suceda en contra de su voluntad; el problema mayor, desde este mirador igualitario, tiene que ver con el hecho de que la desigualdad entre generos nace precisamente del confinamiento de la mujer al ambito domestico.

Tuesday, April 17, 2007

tristezas

Hay muchos ejemplos de la pobreza de la lengua para retratar los sentimientos; para recoger, codificar y apresar en fonemas o vocablos los datos de la vida sentimental. El caso mas claro es de la tristeza. La tristeza es variopinta, y la palabra “tristeza” no refleja sus colores ni sirve para descomponer los pigmentos constitutivos de ese sentimiento. La tristeza tiene tambien muchas sonoridades, y el sonido “tristeza” no ofrece al oido texturas musicales ni tonalidades variadas. Hoy, por ejemplo, yo estoy triste. Si no digo mas, es probable que nadie me entienda. Porque mi tristeza, como todas las demas, es de una naturaleza peculiar. No es negra y disonante. No es una tristeza que desgarra y lastima. Es mas bien una tristeza de color pardo y resonancias gimnopedicas. Una tristeza que estultifica e idiotiza. Una tristeza arbitraria y volatil. Una tristeza que no es bienvenida (ciertas tristezas pueden serlo) pero si mal nacida: una tristeza ilegitima y sin arraigo. Una tristeza insidiosa y odiosa, que se filtra con sigilo y sin advertencia. Una tristeza como la brisa: impredecible, inasible y, en dias como estos, irascible. Una tristeza arrogante, que se instala sin rendir cuentas, sin rendirse y sin que yo pueda siquiera darme cuenta. Eso es lo bueno de la tristeza: son tantas sus variedades que uno jamas se cansa de ella.