Friday, June 29, 2007

recuerdos ahogados: un ejercicio de desahogo

Hay recuerdos que son como naufragios: barcos que encallan en los arrecifes de nuestra memoria, que navegan un mar que calla, que talla su silencio y cierra sus labios para esconder el ramo de corales que prepara el inevitable hundimiento.
Otros recuerdos flotan en el desamparo: como barcos atracados en un puerto abandonado, como veleros atascados en un lago sin olas, desolado, como naves despojadas hasta de la oscura luz de un faro en ruinas.
A la postre en eso se convierten los recuerdos: en retazos del pasado que la marea escupe en la playa del presente, con una indiferencia, una frialdad que produce vertigo, que marea.
El tiempo, dicen algunos poetas, es como un rio, porque como el rio, fluye: es un devenir constante, un fluir apremiante, que circula no obstante las piedras que se encuentra en su camino.
Pero la metafora hace aguas (se hunde entre las aguas del rio al cual pretende capturar en una imagen). El tiempo no fluye. Fluye el presento y fluira (probablemente) el futuro, pero el pasado esta estancado. Y un rio nunca nace de un cuerpo inmovil de agua. Lo sucedido ayer es como un lago cuyo reposo nada ni nadie ha alterado jamas: ni el viento, ni el curso de los anos. Basta remover su corteza (la que cubre al lago) para que su fetidez se desprenda, como se desprende el aroma de una costra que se quiebra. ¿Que puede concluirse a partir de estos pensamientos un poco inconexos? Al menos esto: que algunos recuerdos hay que dejarlos en el pasado. Se les puede mirar a la distancia, pero es mejor no tocar las aguas que los cubren.

Monday, June 25, 2007

de "entre la piedra y la flor" (o. paz)

Entre el primer silencio y el postrero,
entre la piedra y la flor,
tú caminas. Te ciñe un pulso aéreo,
un silencio flotante,
como fuga de sangre, como humo,
como agua que olvida.

Llamas petrificadas te sostienen.
Caminas entre espadas,
casi invisible
bajo el temblor del cielo liso,
con un paso, un solo paso tierno,
un leve paso de animal que huye.

Tú caminas. Tú duermes. Tú fornicas.
Tú danzas, bebes, sueñas.
Sueñas en otros labios que prolonguen tu sueño.

Alguien te sueña, solo.
Tu nombre, polvo, piedra,
en el polvo sediento precipita su ruina.

Mas no es el ritmo oscuro del planeta,
el renacer de cada día,
el remorir de cada noche,
lo que te mueve por la tierra.