La fatwa que pesa sobre el escritor inglés Salman Rushdie cumplió 20 años el mes de febrero. En numerosos diarios en el mundo la conmemoración fue motivo para reiterar el repudio al barbarismo fundamentalista y celebrar el respeto liberal por el intercambio desinhibido de opiniones. Fue también pasto para el ejercicio retórico: a pesar del asedio del fanatismo religioso, se dijo, los fundamentos de la libertad de expresión permanecen incólumes.
Es una pena que el paisaje del fundamentalismo musulmán y sus excesos se haya convertido en el trasfondo de la apología de la palabra. El contraste entre los dos mundos (el radicalismo islámico y el paraíso liberal) tiende a producir defensas alicortas y poco imaginativas, que al final terminan asentadas en dogmas. “La libertad de expresión es valiosa porque la alternativa es la tiranía teológica o la igualmente tirana corrección política”. Ésa parece ser la moneda corriente en un sector de la opinión pública internacional, incluida la mexicana, lo cual entraña una notable paradoja: una libertad cuyas apologías más lúcidas subrayan el poder del libre discurso para quebrar los caparazones dogmáticos termina parapetada tras una muralla de dogmas grandilocuentes pero huecos.
Texto completo: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=379
Monday, May 11, 2009
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